El calcetín rojo
Había pasado una hora y aún no había encontrado el calcetín rojo. No lo encontraba por ninguna parte. Buscó bajo la cama, por el suelo, en el cubo de la ropa sucia, dentro de la lavadora, en la secadora, en el tenderete, en el cubo de la basura, en el aire acondicionado, en la pecera, dentro de la torre del ordenador, dentro de un cojín, en la impresora, en el estuche, en la caja de artefactos de tortura, bajo una caja, bajo un cofre de esos de los piratas que robó en un hospital, dentro del enchufe, en las cuerdas del piano, otra vez en la caja de artefactos de tortura, dentro de la comida del gato, en el retrete, en el bolso, en la maleta, entre los excrementos de los caballos, en el tejado y en el altillo, e n ese orden. No lo encontraba. La desesperación le estaba consumiendo. Cuando buscaba algo, tenía que encontrarlo sí o sí. Estaba al borde de romperse. No sabía qué hacer. Tras más intentos, se le ocurrió un sitio donde podía estar: el cajón de los calcetines. Definitivam...